El tablero.
Objeto importante que termina siendo como el segundo hogar de cualquier arquitecto. Es ese lugar extraordinario donde crecen, maduran y toman formas ideas amorfas que pretende culminar en lo que sería el proyecto de una casa. El tablero está revestido de formica blanca, es semi rectangular, y en el que sorpresivamente toma vida a través del movimiento ascendente y descendente de la paralela, que parece no cansarse a la hora de tener que indicar con exactitud el horizonte. Un banco de carpintero suele ser el fiel compañero, al que algún tribunal acusó y declaró culpable imputándole una condena de cadena perpetua por un sinfín de crímenes de asesinatos de espaldas de primer grado. En unos estantes cercanos, minas, portaminas, gomas, lápices de colores, algunas puntas 0.5, escuadras, escalímetro y alguna gillete, que sirve para eliminar esas erronas líneas que crecen con la torpeza de una mano distraída, conviven a la espera de ser usadas. El papel vegetal es apoyado sobre la formica blanca sujetada con cintas en los cuatro bordes para que no se mueva, después lentamente las líneas se van trazando con mucha prolijidad, midiendo cada centímetro con toda la delicadeza posible, procurando conseguir la mayor exactitud posible, a la vez de que pretenden ser paredes, vigas o techos. Se necesita mucha concentración, muchos silencios, muchos momentos de quietud frente a una hoja en blanco y un sinfín de cálculos, cuentas, y precisiones que a más de unos se cansaría con solo pensarlo.
Un problema serio, como en muchos otros rubros, es el agotamiento o inexistencia momentánea de inspiración. Cada uno va a tener un estilo propio a la hora de diseñar, y eso mismo es parte de su trabajo, crear su marca característica, que lo diferencie del resto y lo haga único, pero cuán difícil podrá ser generar cosas nuevas y distintas dentro del mismo marco personal. Nada surge, o sólo surge eso ya inventado que muy poco sentido tiene reproducirlo nuevamente, es entonces que inevitablemente se recurre al archivo de revistas para que develen alguna idea para ser robada secretamente. En verdad esto, es un trabajo contaste, es estar atento a cualquier detalle, a cualquier casa, a cualquier calle, a cualquier cuidad que muestre una pizca de originalidad para que automáticamente esta sea guardad en la retina, o afortunadamente puede ser fotografiada y guardada en alguna carpeta atestada de otras inesperadas imágenes que nacieron todas de igual manera.
Un apartado especial merece el momento en que el cliente llega al estudio para empezar un proyecto. Saludos cordiales, sonrisas amenas y un tono amigable hace que las dos partes se sientan cómodas. Parejas, solteros, gente grande o jóvenes, el target es variado y no discrimina, pero todos acarrean el sueño de la casa propia. Los primeros bosquejos emergen, las casas construidas y terminadas en las mentes de los clientes empiezan a ser desplomadas en diferente pedazos para poder ser descriptas con minucidad parte por parte, acto seguido que se reconstruyen, con ciertos agregados personales, en la mente del arquitecto. Esto es solo el comienzo, denominado el ante proyecto, es el momento más largo, creativo y conflictivo. Acá es cuando todo comienza a tomar forma, se elijen desde la distribución de los ambientas hasta los detalles de frisos pasando por fachadas y pintura. Se hace de una manera, se presenta a los clientes que evalúan, y si no están del todo conformes se vuelve a rehacer y todo empieza de nuevo. Son los momentos decisivos y más difíciles que pueden llevar meses de idas y vueltas, pero totalmente necesarias.
Todo parece tomar cierta tranquilidad cuando lo amorfo se estabiliza en la maqueta, esos conjuntos de cartones que cortados y dispuestos de esa manera única proyectan finalmente algo tangible y real, ya no más esos esfuerzos mentales para tratar de entender cómo será, ahora es. Todo está calculado y medido a escala, las paredes de cartones intentan disfrazarse de ladrillos, ayudadas por un efecto misterioso hechas por un lápiz tramposo, y los techos de cartón corrugado interpretan el mejor papel de calurosas tejas.
Finalmente todo está decidido y establecido, comienza el proyecto y con él los cálculos. Diferentes planillas empiezan a ser llenados con números que no parecen decir nada, pero que al albañil parecen decirle todo lo necesario. Una carpeta empieza a ser llenada con cosas que no se entienden, solo el plano y la fachada son líneas descifrables, el resto sufren de una incomprensión eterna. Un día no muy en especial, la obra empieza, el terreno ya deshabitado de toda flora fastidiosa empieza a ser cubierta de un cemento frio y aburrido. Se empieza a poblar de gente, de mates, facturas y tal vez, algún que otro asado comunitario.
Ahora el arquitecto le queda la ardua tarea de corroborar que efectivamente todo eso que, después de tanto tiempo de elaboración finalmente se respete, tratando de que la realidad se vuelva lo factible de lo imaginable.
.:Merchusz:.
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